Yemen: un hueso duro de roer: Victoria ante la guerra imperialista
Además de declarar a los hutíes como movimiento terrorista, con todo lo que eso implica, Estados Unidos dotó de armamento moderno al reino saudita.
Juan Hernández Machado*Opinión/El Pregonero del Darién
Segundo de tres artículos: En nuestro trabajo anterior habíamos dicho que la monarquía saudita organizó la operación que llamó “Tormenta Decisiva” a fin de, mediante ataques aéreos contra los principales objetivos controlados por los hutíes en Yemen, destruir la capacidad combativa de dicha organización y posibilitar el regreso de Hadi al poder en ese país
Veamos cómo se desarrollaron los acontecimientos.
Arabia Saudita logró formar una coalición con Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Jordania, Egipto, Sudán y Marruecos, con apoyo logístico y de inteligencia proveniente de los Estados Unidos de América y del Reino Unido, e inició, el 25 de marzo de 2015, los ataques aéreos contra Sanáa y otras ciudades yemeníes donde se encontraban las fuerzas e instalaciones controladas por los hutíes.
Luego de 10 semanas, esos ataques, según valoraciones de organizaciones humanitarias que seguían la situación, habían provocado más de dos mil muertos, decenas de miles de heridos y más de medio millón de desplazados de sus hogares. Pero las estructuras y fortaleza de los hutíes no sufrieron grandes daños.
Se destruyeron los aeropuertos de Yemen y se bloquearon sus puertos para evitar que los hutíes recibieran armas o apoyo logístico del exterior, pero lo que provocaron fue la escasez acentuada de alimentos, medicamentos, combustibles y otros aseguramientos que sumieron a la población yemenita en un estado catastrófico.
Como habíamos mencionado anteriormente, y – ¡qué casualidad! – con un nombre similar a los rimbombantes enunciados del gobierno de Washington para sus operaciones militares, la coalición inició la operación “Restaurar la esperanza”, que no fue más que la continuación de la etapa destructiva que habían comenzado antes.
La ONU hizo un recuento de los daños causados por las acciones de esa coalición apoyada por Washington y por Londres, el que fuera divulgado por medios árabes como Al Jazeera.
Según diferentes fuentes de organizaciones humanitarias y de derechos humanos, para fines del año 2021- sin importar la pandemia de la COVID-19 que azotó al mundo en 2020-2021- esa agresión había causado la muerte a más de 377 mil personas, siendo niños un alto por ciento de las mismas, más de 4 millones de desplazados y unos 20 millones de ciudadanos necesitados de urgente ayuda alimentaria y sanitaria (cualquier parecido con el genocidio israelí contra el pueblo palestino no es casualidad, es la naturaleza de los imperialistas). Se calificó en el año 2022 a Yemen como el país con la peor crisis humanitaria en el mundo.
Participación de Estados Unidos y el Reino Unido
Es importante dejar claro, como hemos dicho en otras ocasiones, que los burros son iguales a los elefantes (en la escuela la profesora nos suspendería por decir esa barbaridad, pero en la política estadounidense se pone de manifiesto cada día), porque desde la administración de Barack Obama, pasando por Donald Trump y luego por Joseph Biden, para regresar a Trump a partir del 2025, el gobierno estadounidense apoyó esta agresión de diferentes formas.
Como lo diera a conocer el Servicio de Investigación del Congreso estadounidense en el año 2021, la administración Obama autorizó a fuerzas militares de su país a apoyar, con logística e inteligencia, a las fuerzas sauditas en su agresión a Yemen. Así establecieron lo que llamaron “Célula de planificación conjunta”.
Además de declarar a los hutíes como movimiento terrorista, con todo lo que eso implica, Estados Unidos dotó de armamento moderno al reino saudita: aviones de combate y helicópteros de ataque, cohetes de diversos tipos, artillería de grueso calibre, así como vehículos de combate, armas ligeras y otros aseguramientos, y, lo más importante, información de inteligencia.
Un aporte significativo fue la presencia de drones, manejados por efectivos estadounidenses pertenecientes al Comando de Operaciones Especiales, con los cuales incrementaron los ataques, supuestamente contra efectivos terroristas de al-Qaeda radicados en Yemen, pero también se reportaron contra los hutíes y la población civil de ese país.
Una de las modalidades en esa agresión- que también fue la norma en los ataques estadounidenses en Iraq y Afganistán, así como en la última etapa del genocidio de Israel contra los palestinos en la Franja de Gaza- es decir que se ataca a supuestos líderes terroristas, para justificar los efectos de la destrucción de casas, hospitales, escuelas, centros religiosos y otras instalaciones de la población civil.
Y manteniendo la misma hipocresía que en otros conflictos, los hutíes fueron condenados en la ONU por sus supuestas actividades terroristas, mientras que los verdaderos terroristas salían como ganadores y acusadores. Nada, que veían la pequeña paja en el ojo ajeno pero no la estaca de madera en el suyo propio. Lo mismo que ha estado sucediendo en los pasados quince meses en cuanto al caso palestino se refiere.
Como suele suceder en los Estados Unidos, siempre las declaraciones de los candidatos presidenciales expresan una cosa durante la campaña y cuando son electos y asumen la presidencia hacen lo contrario, o simplemente, lo dejan en el olvido y no se menciona más.
Durante su campaña presidencial frente a Donald Trump, Joseph Biden calificó en un discurso a Arabia Saudita de paria y se comprometió a detener el suministro de armas a la monarquía. Sin embargo, una vez presidente, las ventas de armas en el primer año superaron el billón de dólares.
No obstante, Biden se pronunció por darle una solución diplomática al conflicto y le retiró a los hutíes la calificación de terroristas que le había dado el presidente Trump. Calificación que este, nada más tomar posesión de su cargo en su segundo mandato, los volvió a incorporar a los terroristas del mundo, según el prisma yanquí.
Pero los estadounidenses no estuvieron solos en el apoyo a esta agresión que duró años. Si bien sus intereses eran proteger al país que les suministra buena cantidad de petróleo y detener la influencia de la República Islámica de Irán, a la que acusan de ser el soporte del poderío militar de los hutíes, tuvieron el apoyo del Reino Unido, que todavía sangra por la herida de haber perdido el control que tuvo en una oportunidad del estratégico puerto de Adén.
Por ello, aviones del tipo Typhoon y Tornado, así como bombas y cohetes de diferentes tipos encontraron su camino hacia la monarquía del Golfo, los que fueron utilizados en las miles de acciones aéreas contra Yemen.
Uno de los casos más controvertidos fue el uso de bombas de racimo utilizadas por Arabia Saudita cerca de áreas civiles yemenitas, las que inicialmente se consideraban que eran yanquis pues ellos las habían vendido a la monarquía, pero en el año 2016, el periódico británico The Guardian reportó que Arabia Saudita había admitido el uso de dichas bombas fabricadas en el Reino Unido.
Las bombas de racimo están prohibidas internacionalmente hace muchos años, pero al igual que sucede en otras situaciones, algunos países aliados de los poderosos las utilizan y todo queda en una declaración o una condena verbal, pero la vida sigue su agitado curso.
Otros países como Francia, Canadá y el Brasil de Bolsonaro suministraron equipamiento militar utilizado en la agresión a Yemen.
Y mientras los bombardeos y otras acciones militares continuaron durante años, causando miles de muertos, cientos de miles de heridos y millones de desplazados, además de hundir a Yemen en una crisis humanitaria de largo alcance, al igual que sucedió con el movimiento islámico Hamas tras más de quince meses del poder destructivo sionista que redujo a ruinas la Franja de Gaza, los sauditas y la coalición no pudieron destruir a los hutíes, quienes resistieron la agresión y llevaron sus acciones a los propios territorios de las monarquías del Golfo.
El entonces secretario de estado yanqui, Antony Blinken, reconoció en el año 2021 que los hutíes habían llevado a cabo más de 240 ataques contra Arabia Saudita.
Claro, la proporción de los ataques y los daños causados por los mismos no se podía equiparar entre los dos contendientes, pero los de los hutíes demostraban que no estaban derrotados, que eran capaces de resistir y hasta golpear emplazamientos de sus enemigos, porque los mismos no eran dirigidos a instalaciones civiles como los que se producían contra Yemen.
La mayor crisis humanitaria del mundo
Así declaró la UNICEF la situación de Yemen en el año 2020, cuando más de 24 millones de personas, aproximadamente un 80% de la población del país, necesitaba ayuda por la escasez de alimentos y medicamentos, agravado por un brote de cólera desde el año 2017
A la destrucción de la infraestructura de salud y de los sistemas de saneamiento e hidráulicos producto de los ataques aéreos de Arabia Saudita y sus aliados, se unieron los daños causados por el férreo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo impuesto a Yemen también en ese año.
El puerto de Hodeida es uno de los más claros ejemplos del resultado de la agresión porque las acciones aéreas destruyeron las frágiles embarcaciones de pesca de sus habitantes, principal medio que usan para buscar su sustento.
Y, de forma similar a como han transcurrido estos 15 meses en el genocidio de Palestina, que la agresión continúa, destruye, desgasta, asesina y el pueblo es el que sufre, se condena por la prensa y por diferentes otros medios, pero el agresor sigue haciendo de las suyas con el apoyo de sus aliados- que son los mismos.
En el caso de Yemen hubo denuncias y condenas, incluyendo de órganos de la gran prensa y de legisladores estadounidenses, pero nada detuvo la agresión.
Pasos hacia la normalización de la situación
Solo cuando los miembros de la coalición y sus aliados se dieron cuenta que a pesar de los despiadados ataques no habían podido destruir a los hutíes, quienes comenzaron a responderles, surgieron acciones para buscar un entendimiento.
En diciembre de 2018, debido a la mediación de las Naciones Unidas, ambas partes firmaron en Suecia un acuerdo de alto al fuego (aunque posteriormente hubo violaciones y las dos partes se acusaron mutuamente de las mismas). No obstante, los hutíes comenzaron a abandonar el puerto y la ciudad de Hodeida, como parte de lo acordado con Arabia Saudita.
Al año siguiente, los príncipes herederos de Arabia Saudita y de Emiratos Árabes Unidos decidieron buscar canales de comunicación con los hutíes y con la República Islámica de Irán.
Se redujo el número de ataques aéreos; se produjo intercambios de prisioneros de ambas partes y finalmente se logró una tregua que produjo una relativa calma en el país.
En julio del 2020 las tropas del gobierno central de Yemen y los separatistas del Consejo de Transición se retiran de Adén, como un paso hacia la reconciliación, y dos meses más tarde el ejército yemenita y los hutíes hicieron un intercambio de prisioneros, en una acción que fue interpretada como la reactivación de acuerdos logrados entre ellos dos años antes en Suecia pero no cumplidos totalmente.
No obstante, no se logró una estabilización política completa y hubo diferentes enfrentamientos y ataques, culpándose ambas partes por los mismos. El hecho real fue que en febrero del año 2021 los hutíes pasaron a controlar parte de la ciudad de Marib, en la provincia del mismo nombre, último enclave en el norte del país que estaba en poder del gobierno reconocido por Arabia Saudita y la coalición y sus aliados.
Por muy fuerte que fueron los ataques aéreos sauditas, no pudieron sacar a los hutíes de ese lugar y en abril de 2022 ambas partes llegaron a una corta tregua que fue negociada por las Naciones Unidas, el primer cese al fuego en seis años de devastación del país.
Abd-Rabbu Mansur Hadi transfirió sus poderes al Consejo de Liderazgo Presidencial, con sede en la capital saudita, órgano que a partir de ese momento es el gobierno oficial de Yemen, reconocido por la mayoría de la comunidad internacional.
Se nombró como presidente del Consejo a Rashad Muhammad al-Alimi y se completó con otros ocho miembros: dos militares, cuatro del Congreso General del Pueblo (incluyendo a al-Alimi), dos de la Congregación Yemení por la Reforma y uno del Movimiento de Yemen del Sur.
El Congreso General del Pueblo es el partido del ex presidente Abdullah Saleh.
Al-Alami es un sociólogo y político yemenita que cursó estudios universitarios en Sanáa, luego cursó la Escuela de la Policía en Kuwait y más tarde adquirió un doctorado en sociología en Egipto. Desde el 2001 ocupó diferentes cargos en el gobierno yemenita, incluyendo el de viceprimer ministro a cargo de asuntos de defensa y de seguridad.
Como parte de la tregua alcanzada, se reabrió el aeropuerto de Sanáa a vuelos comerciales, se facilitó el suministro de combustible y se levantaron asedios a varias ciudades en poder de los hutíes.
En julio de 2024, los hutíes y el gobierno de Yemen acordaron reducir tensiones, se quitaron las sanciones que ambos habían impuesto a la otra parte, se reanudaron los vuelos de aerolíneas de países de la región a y desde Yemen y se hicieron varios intercambios de prisioneros.
El país quedó prácticamente dividido en dos partes. Las fuerzas del gobierno dirigido por al-Alami ocupan el sur y una parte del centro de Yemen, mientras que los hutíes ocupan el norte y zonas del oeste.
Luego de varios años de agresión que tenía el objetivo, según explicaron cuando inició la misma en el año 2015, de destruir al movimiento hutí, este se mantuvo con más fuerza, organización y desarrollo pese al estado caótico en que la agresión dejó a Yemen.
Así se logró la victoria de los hutíes frente a las fuerzas externas que quisieron imponer su dictado en Yemen. Su decisión de defender su territorio ancestral no flaqueó, como tampoco se disminuyó su determinación de apoyar a sus hermanos palestinos y enfrentarse al imperialismo internacional y su principal representante en la región: Israel.
De eso hablaremos en el próximo trabajo.
*Historiador cubano y Premio Nacional de Filatelia 2012