La paz interior del nuevo papa
Prevost comenzó entonces en abril del 2023 a ejercer el papel de prefecto del dicasterio para los obispos a la vez que también asumió la presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina.
Luis Alfonso Ossa B./Opinión/El Pregonero del Darién
El Papa León XIV un triunfo del humanismo sobre las fatuas veleidades de la política.
No en vano el Papa Bergoglio hizo sus mejores esfuerzos para sonsacar al obispo Prevost de aceptar abandonar su vida misional en Chiclayo (Perú), cambiándosela por la monumental tarea de dirigir el dicasterio como su prefecto en el vaticano.
El Papa Bergoglio había encontrado en ese obispo gringo, perdido en el campo peruano, una especie de alma gemela y había entonces que encomendarle tareas de alta significación eclesiástica que requerían de todo lo que Prevost tenía en cantidades: responsabilidad, lealtad, humildad y por sobre todo mucha sabiduría. Todo eso lo había encontrado El Papa Bergoglio en el obispo peruano.
Y no solo lo trasladó al Vaticano, sino que rápidamente lo hizo cardenal en el 2023 y como todos los hombres sabios que potencian la humildad para mostrar lo mejor de su espíritu cuando se les encarga grandes responsabilidades, Prevost comenzó entonces en abril del 2023 a ejercer el papel de prefecto del dicasterio para los obispos a la vez que también asumió la presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina.
Alejado de cualquier circunstancia diferente a ejercer sus funciones armado solo con el perfil necesario para cumplir a rajatabla la tarea encomendada por El Papa Bergoglio, cuya muerte lo sorprende en momentos cuando ya se habían convertido, desde su llegada a Roma, en grandes amigos que compartían con mucho placer intelectual los pocos ratos libres allá en el Vaticano, como lo hacen los amigos de verdad.
Y a pesar de ser tan pocos los años de amistad y cercanía intelectual que alcanzaron a cultivar, era evidente la profunda afinidad de espíritus y la gran identidad en la manera de ver la función de dirigir la iglesia, hasta el punto que en una ocasión después de alguna de sus acostumbradas tertulias, Bergoglio se despide del cardenal Prevost diciéndole : que tenga usted buen resto de día estimado Juan XXIV y Prevost en su rostro, tranquilo por naturaleza, solo alcanzo a fruncir levemente el ceño para decirle, así está usted de aburrido con mi compañía santidad?
Creo que definitivamente el Colegio Cardenalicio eligió al hombre adecuado para dirigir la Iglesia con igual responsabilidad, sabiduría y calidad humanas, características con las cuales lo hizo Bergoglio por una década larga.
El cardenal Prevost además de estar sólidamente preparado para recibir con méritos suficientes el testimonio que dejaba Bergoglio, el día de su primer saludo al mundo desde el balcón pontificio dejó ver el rostro muy tranquilo de quien acabando de recibir tan inmenso honor y profunda responsabilidad, su espiritu lo estaba aceptando con una paz interior tan desbordante que no hubo espacio ni tiempo para que su rostro cayera bajo el dominio de la vanidad, ese rostro permaneció tranquilo, lo que reflejaba la misma tranquilidad de un espiritu que asume tan inmensa responsabilidad desde la más grande de las humildades, eso en el lenguaje corporal es el más potente trasmisor de la paz interior, la misma, que en ese momento de celebrar su elección, Prevost tanto disfrutaba, algo que en adelante va necesitar bastante en medio de tantos conflictos mundiales que bastante van a exigir de esa inmensa paz interior que el rostro del nuevo pontífice revela.